Despues de unos días intensos aprovechamos para escribir en el blog. Rusia es diferente, y Moscú más todavía.
Para empezar tardamos en cruzar la frontera 2 horas. En la aduana eran lentos y bordes pero llevabamos todos los papeles en regla así que no nos pusieron muchas pegas. Como anécdota, no tenían nuestro coche en la base de datos así que tuvieron que hacer una nueva ficha de coche.

Frontera con Rusia
Al cruzar la frontera decidimos continuar la marcha porque no nos daba confianza acampar allí, así que nos fuimos turnando al volante y llegamos hasta un lago donde finalmente montamos por vez primera nuestra tienda de campaña mientras amanecía.

Niebla en la carretera
El calor sólo nos permitió 3 horas de sueño y después continuamos rumbo a Moscú. Cuando llegamos contemplamos la gran urbe con admiración. Si os digo que es enorme no os hacéis bien a la idea de lo que quiero decir.
Kristina vino a recogernos cerca de una estación de metro y nos acompañó a un hotel que nos había buscado. Estos 3 días los hemos pasado en hotel porque los albergues jóvenes de Moscú estaban completos y acampar era una locura. Tampoco ha sido demasiado caro y desde luego ha merecido la pena.
Después nuestra primera aventura fuerte en la ciudad, el Taxi. Atentos a la jugada porque esto yo no lo había visto antes. Tú tienes que ir a un sitio y decides no coger ni el autobús ni el metro. Como éramos tres y no cabíamos en Tomaka decidimos coger el Taxi, pero no uno normal y corriente. Aquí, si quieres ir a algún sitio, te situas en la acera con el brazo extendido hacia la calzada y esperas a que pare cualquier coche. Le dices tu destino, negocias un precio y si llegas a un acuerdo, te lleva.
Parece simple, pero eso en España se me antoja imposible.
Nos acercó a un restaurante muy chulo llamado Пропаганда (Propaganda, literalmente). Después dimos una vuelta por la ciudad, visitamos la Plaza Roja, que es bruuuuuuutal. Un par de sitios más y de vuelta al hotel.
También es curioso que muchos comercios de todo tipo abran 24/7, de hecho compramos un mapa de las carreteras rusas en una librería a la 1:00am
La vuelta la hicimos en metro. El metro de Moscú es el más bonito que he visto. Está un poco antiguo pero funciona a la perfeción. Las estaciones son preciosas, la geometría lo más práctica posible, los trenes rápidos y largos, las escaleras mecánicas bastante más rápidas que las de Madrid o Barcelona. Merece la pena darse una vuelta en él.
En el hotel aprovechamos para dormir, y de hecho hasta las 14:00 del día siguiente no nos despertamos. Desayunamos en una cafetería que merece la pena comentar porque todo estaba delicioso. Los dulces rusos son especiales. Las tartas, el chocolate caliente, los bollos, los caramelos… Todo buenísimo. Me encantaría llevaros muestras, pero nos queda un mes de viaje y se echaría todo a perder.
Después cogimos otro “taxi” para ir al museo de los cosmonautas. Sin palabras. No sé cómo explicarlo. En él tenían naves originales, replicas, maquetas, trajes, fotos, vídeos. Yo disfruté como un enano entre todo lo que había, pero Alex mucho más. Tenía los ojos como platos y cada cosa que veía le emocionaba. En la galería de fotos hemos puesto unas pocas porque si colgamos todas las que hicimos seguro que os aburrís.

Museo de los Cosmonautas
Después del museo fuimos a comer un restaurante self-service fantástico. En sí era precioso, pero lo mejor de todo era la comida.
Para terminar el día fuimos a dar una vuelta en barco por el río. Como le decimos a Kristina, en Moscú todo es “a lo bestia”, TODO. A la salida nos cayó un pequeño chaparrón y otro “taxi” nos llevó a una calle parecida a las ramblas de BCN y por último en metro al hotel.
El último día de turismo en Moscú también ha sido genial. Nos despertamos más temprano y fuimos a una especie de parque temático donde una vez hubo edificios de todas las repúblicas de la antigua URSS. A parte se podía ver desde un cohete espacial, hasta una noria de feria. Las fuentes también “a lo bestia”, como todo…

Con Kristina en la fuente de la amistad
A la salida nos ha recogido Maxi, el hermano de Kristina, y nos ha llevado a un cementerio de aviones militares. Cuando hemos llegado el guarda de suguridad nos ha dicho que no se podía entrar, pero que si volvíamos en una hora nos dejaría entrar por 100 rublos a cada uno.
Para que os hagáis una idea 100 rublos son unos 2,50€, así que merece la pena. Para hacer tiempo hemos ido a comer algo y hemos vuelto.
Ha sido maravilloso, nos han dejado subirnos a los aviones, helicópteros y cohetes. La pena es que no hemos tenido mucho tiempo porque nuestros anfitriones se tenían que marchar. Sólo en Moscú puedes ver unos aviones militares en mitad de la calle y si además sobornas al guarda, puedes tocarlos y subirte en ellos.

Alex a bordo de un MIG
Mañana nos echamos de nuevo a la carretera rumbo este.
No creo que nos podamos volver a conectar a internet, así que las noticias os llegarán de manos de nuestras famlias, a quienes mantendremos informados por teléfono.
Un saludo a todos los que seguís nuestra aventura.