Después de un mes y medio desde que volvimos de nuestro viaje, por fin saco un poco de tiempo para volver a escribir por aquí y resumiros el desenlace de la aventura.
Lo último que os contaron nuestras familias fue que íbamos a pasar el fin de semana en el campo con nuestro amigo Timur.
¡Fue fantástico! Alex montó a camello, vimos águilas, la roca tortuga, montamos a caballo, enseñamos a nuestros amigos a darle un poco a las bolas de golf, nos bañamos en el río, vimos una escultura de 40m de Gengis Kan y nos subimos encima, nos disfrazamos de guerreros mongoles, dormimos en un “Guir” (la tienda típica de los nómadas), vimos como mataban una cabra para que cenáramos todos y comimos los cinco órganos vitales, presenciamos una pelea porque nuestro colchón inflable causó sensación y todos querían hacerse con él y con el hinchador, desgraciadamente fuimos al cine a ver Salt en VOSM (la M es de Mongol), cenamos en un restaurante Koreano buenísimo, visitamos el museo de las ciencias naturales, nos llevaron al observatorio astronómico nacional de Ulán Bator e hicimos más cosas de las que ya no me acuerdo.
Todo el mundo nos pregunta cómo conseguimos volver, porque en principio el problema que nos surgió fue que para salir de Mongolia teníamos que hacrlo con Tomaka. Entre que el coche no daba para más y ya había cumplido su objetivo decidimos buscar otras vías de escape, y gracias a Timur y a la gran cantidad de “Friends” que tiene el asunto se pudo solucionar.
Primero fuimos a ver a su amigo el notario, que nos ayudo con el contrato de compraventa del vehículo, que si no han cambiado las cosas, ahora estará a nombre de Timur. En realidad se lo regalamos, pero a nosotros nos convenía tener un documento oficial en el que se reflejase que nos deshacíamos de él.
En realidad para Timur más que un regalo fue un problema, porque para utilizarlo “legalmente” tenía que matricularlo y debido a que era un coche importado, de gran cilindrada y antiguo le salía por más de 3000$. Nosotros le dijimos que el coche no valía tanto y que pensábamos que lo mejor que podía hacer con él era llevarlo a un desguace, pero al parecer a nuestro amigo le venía muy bien el coche para cazar lobos porque se puede hacer descapotable y la luna delantera es abatible. Como le vimos tan entusiasmado sólo le insistimos un par de veces y luego le dejamos hacer lo que quisiera.
El siguiente problema que teníamos era que para salir sin Tomaka teníamos que pagar nosotros 5000$ por abandonar el coche en Mongolia. En la frontera con Rusia nos dijeron que si entrabas en Mongolia con coche, tenías que salir también con él, y así quedó reflejado en nuestros pasaportes y en la base de datos de la policía. Esta medida no sé cuánto tiempo llevará vigente. Pero supongo que la pusieron porque gente como nosotros les traía chatarra de todas partes del mundo. Y lo de chatarra lo digo con mucho cariño :)
La solución a este problema fue mucho más espectacular. Timur tenía otro amigo en la oficina de policía del aeropuerto y otro en el departamento de aduanas, así que habló con ellos y mediante un pago de 1000$ aseguraron que nos borrarían de la base de datos de la policía y nos dejarían pasar la aduana. Por lo tanto a efectos legales nunca cruzamos a Mongolia en coche… xD
El último problema que nos surgió fue la compra de los billetes de avión. Con tan poco tiempo de antelación los billetes más baratos que éramos capaces de encontrar costaba en torno a 900$ desde Ulán Bator a Madrid haciendo escala en Moscú.
De nuevo el gran Timur vino al rescate y contactó con su amigo de la oficina de Turismo y le dijo que nos encontrara dos billetes baratos. Al poco tiempo, el amigo le llamó a Timur, y le dijo que nos había encontrado dos billetes cada uno por aproximadamente 800$!. Timur pareció sorprendido y le dijo en tono muy serio:
“You must find chipper flight tickets for my friends! I won’t accept more than 700$ each one!”
(¡Debes encontrar billetes más baratos para mis amigos! ¡No aceptaré más de 700$ cada uno!)
Y si una cosa aprendimos en el viaje es que los amigos de Timur hacen lo que sea por Timur. En serio, tiene don de gentes y en todas partes conoce a alguien. De hecho, la noche que nos llevó al observatorio astronómico nacional, pasamos en frente del sitio donde viven las 3 personas que dirigen Mongolia y le dije en voz baja a Alex:
“En 10 años Timur vivirá aquí”
Y a los pocos segundos Timur dijo:
“I’ll be living here in 10 years time”
Alex y yo nos miramos y no pudimos contener la risa.
Así que finalmente el amigo de la agencia de viajes encontró los billetes, como no podía ser de otra manera. Fuimos a sacar el dinero y los compramos.
El día de la despedida fue muy duro. Nos levantamos a las 3:00 am después de haber llegado a casa a la 1:00 am. Fuimos al aeropuerto en el coche con el amigo de las aduanas, nos pasó por un mostrador de facturación VIP, pasamos por la aduana sin problemas, Timur también pasó con una tarjeta de invitado como si estuviera por su casa y nos despedimos entre lágrimas después de todos los grandes momentos compartidos.
El vuelo fue largo pero confortable. La escala en Moscú duró 7 horas en las que no sabíamos qué hacer. Dimos vueltas, y más vueltas, subimos a la zona VIP dónde nos miraron con cara de extraterrestres, comimos en dos restaurantes, dimos más vueltas…
Finalmente salió nuestro vuelo a Madrid y tras las 5 horas y pico que duró la vuelta recogimos nuestros equipajes y salimos al lado tierra dónde nos esperaban Carmen, Chuchi y Paula con una pancarta que ponía: “¡Bienvenidos Jabatos!”
Tras todo el viaje el balance que puedo hacer es que en “Europa” vivimos con demasiados lujos, demasiada televisión, y demasiado aborregamiento. Con mucho menos está demostrado que se puede vivir feliz. La gente nos ha sorprendido para bien, porque en todas partes donde fuimos nos recibieron con los brazos abiertos y una sonrisa en la cara. Sobre todo nuestros anfitriones Mongoles, a los que les estaremos eternamente agradecidos y a los que nos encantaría invitar a visitar España. Lo que más nos gustó fue Mongolia, pero no la capital. Al igual que en Rusia, la capital no tiene nada que ver con el resto del país. Las diferencias son abismales. También nos gustó mucho Lituania. Es un país que me gustaría visitar con más tranquilidad. Y sin duda, lo mejor del viaje fue hacerlo junto a mi mejor amigo de toda la vida, Alex, sin él cual, no sería quien soy hoy día.
Muchas gracias por habernos seguido y apoyado en todo el viaje. Y perdón por haber tardado tanto en escribir la última entrada.